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La Coctelera

Categoría: Curiosidades

El kilo ya no es como lo pintan

El kilo perfecto

Las dos esferas más redondas y perfectas en la historia de la humanidad están siendo pulidas lentamente en un laboratorio de Sydney. Se trata de un esfuerzo internacional por producir un nuevo estándar global para el kilogramo. Está dirigido por la organización del gobierno australiano CSIRO (tan familiar en ese país como la NASA a los entusiastas del espacio, o el FBI a los criminólogos), a través de su Centro de Óptica de Precisión.

En la ciencia, un kilo aquí, tiene que pesar exactamente el mismo kilo allá. Y de eso depende la exactitud en las mediciones de todos los investigadores del planeta. El estándar antiguo para el kilogramo fue hecho en París hace más de un siglo: es una barra de platino e iridio que se está deteriorando (es decir, está perdiendo átomos) por lo que ya no pesa exactamente un kilo. Su reemplazo serán estas dos esferas increíblemente puras de cristal de silicio-28 que científicos rusos y alemanes venían cultivando desde hace tres años con ternura casi maternal. Cada esfera de 93 milímetros de diámetro pesará un kilo, con imperfecciones en su redondez de apenas 35 millonésimas de un milímetro.

El cristal de silicio tiene la ventaja de que no se pudre con la humedad y no está sujeto a la corrosión o contaminación. El objetivo último del proyecto es redefinir el kilo en términos del número de átomos, y no como un objeto que puede dañarse con causas ambientales. ¿Lograrán llegar a la perfección de saber exactamente cuántos átomos de silicio forman un kilo? El proyecto significa que el kilo será de ahora en adelante una constante reproducible, una cierta cantidad de silicio, y no un trozo de la sustancia.

Lo interesante es que se necesiten siete países (Rusia, Alemania, Italia, Bélgica, Estados Unidos, Australia, Japón), en cooperación con el Buró Internacional de Pesas y Medidas, para lograr cultivar, pulir y medir el volumen y la masa de un cristal perfecto.

El lobo

El lobo que vino del hielo

Una pila de huesos viejos recolectados por mineros de oro de Alaska a comenzos del sigo pasado, y que reposan en el Museo Americano de Historia Natural, resultaron revelar una hasta ahora desconocida raza de lobos gigantes de poder enorme. Los Lobos de la Beringia del Este posiblemente se alimentaban de bisontes, mamuts y otros grandes animales de las estepas de la era del hielo, en luchas que han debido ser épicas. Por lo menos eso dice un nuevo y fascinante estudio del Smithsnian en la publicación Current Biology. Los dientes y músculos de la quijada de estos poderosos lobos eran definitivamente más grandes, y su ADN diferente de sus primos modernos. El hallazgo es un recordatorio de la cantidad de sorpresas que aguardan a los investigadores en los gabinetes de los museos del mundo –sin tener necesariamente que lanzarse a la calle.